Prolongue su vida prestando atención ahora.
MI HISTORIA
Mi historia con obesidad comenzó desde la infancia, fui una niña con una vida muy sedentaria, cuidada por mi abuela materna (ya que mis padres tenían que trabajar).
Los recuerdos que tengo es que siempre que estaba triste por la ausencia de mis padres y lloraba, mi abuela me consolaba con un pan untado de mantequilla y un vaso de leche con chocolate en polvo. Hoy pienso que aquí comencé a relacionarme con la comida de forma equivocada, empecé asociar los alimentos como bálsamo para mis momentos tristes.
Sin olvidar que los días de descanso de mi madre en el trabajo eran una gran alegría para mí, porque iría al colegio a “llevarme taquitos”; si estaba mamá en sus vacaciones, por la tarde “me compraría pizza y frituras”, la dinámica era contradictoria, en algunos momentos la comida era mi consuelo ante la falta de mamá y en otros era una forma de ver el amor de mamá a mi persona. Pienso que a mi corta edad esta relación con la comida jugaba un papel confuso, pero siempre de alguna u otra forma “una ganancia”; y mi cabecita comenzaba “hacer significados” (tristeza/ausencia=comida, alegría/compañía= comida).
He de decir, que mis padres siempre se preocuparon y se ocuparon de mi sobrepeso, visitábamos endocrinólogos y nutriólogos, invertían en alimentación “especial” para ayudarme a perder peso; pero una vez más aparecía otro motivo para que mi relación con la comida fuera mala, la restricción, la exigencia, el brincar de una dieta a otra y sin éxito.
Hoy pienso que me hubiera gustado, que un día alguien les dijera “revisen las emociones de esta niña”, probablemente la historia sería diferente.
Recuerdo pasar gran parte de mi vida infantil y adolescente a dieta, cuidando “no comer tanto”, “no comer dulces porque eran malos”, “comiendo galletas de avena sin sabor y viendo niños comer galletas de chispas de chocolate”, soportando comentarios de personas diciendo “si estuviera flaquita se vería más bonita”.
Crecí y aunque lo hice con una autoestima sólida construida por mis padres, nunca faltaron los comentarios repetitivos, haciendo referencia que tenía una cara bonita “el problema era ser gordita”.
aquí estaba yo sola buscando alternativas nuevamente para perder peso, tomé pastillas, usé fajas, cremas, nutriólogos, endocrinólogos, naturistas y mil cosas más.
Alternativas que nunca me ayudaron,
funcionaban unos meses y “mágicamente” dejaban de funcionar
mi vida comenzó a verse afectada no solamente en mi salud física, donde desarrollé diversos padecimientos (resistencia a la insulina, hígado graso, problemas hormonales, colitis y gastritis diaria, fatiga crónica, desgaste y dolor en rodillas), mi vida personal comenzó a sufrir estragos (involucrándome en relaciones complicadas de pareja) y en el aspecto laboral también sufrí consecuencias (diariamente me sentía mal, todos los días tenía un padecimiento distinto, mis rodillas comenzaron a dar problemas y por ende ausentismo laboral lo que me afectó mucho, sin olvidar aquel día que por mi obesidad no logré estar en el empleo por el que tanto había luchado).
aquí estaba yo sola buscando alternativas nuevamente para perder peso, tomé pastillas, usé fajas, cremas, nutriólogos, endocrinólogos, naturistas y mil cosas más.
Liliana Sepúlveda
Cuando estaba cerca de cumplir 30 años y después de una situación complicada en mi vida, hice un alto, miré hacia dentro de mí y pensé debía empezar de nuevo, reconstruir mi vida y luchar por la vida que realmente anhelaba.
En ese momento lo único que sabía era que tendría que buscar nuevas alternativas, pero sobre todo hacerlo distinto a como siempre lo había hecho antes…..ahora sabía que de esa “forma” no me funcionaba y era demasiado agotador.
Confieso que ese día lo último que pensé fue en una cirugía bariátrica, así que ese día me fui a un parque me conecté conmigo misma y decidí hablarlo con un psicólogo, y ahí en terapia comencé a detectar lo que necesitaba modificar en mí, en todos los aspectos para reconstruirme.
Así que manos a la obra, hice una lista de varios aspectos y uno de ellos era “recuperar mi salud física quitándome el exceso de peso, liberándome del dolor de rodillas y mucho más”, es así como comienza mi camino en la búsqueda de la cirugía bariátrica.
Conocí al equipo en el que confiaría que me acompañaría en mi proceso de cirugía bariátrica y así inicié esta travesía , pasé por revisiones médicas, psiquiatra, psicólogo, nutriólogo y coach físico. Ellos al día de hoy siguen siendo mi apoyo.
Llegó el día y comencé esta nueva oportunidad de vida, jamás olvidaré aquel bendito 27 de Julio.
En este camino he aprendido lecciones muy valiosas, me he descubierto, he re-aprendido, cultivé el amor propio, mejoré mi autoestima y comencé a tener autocuidado y a responsabilizarme de mi bienestar total.
Algunos días me sentía rendir pero al instante buscaba cómo levantarme, aprendí a dejar de lado la frustración, el dolor, el enojo, la derrota y muchas cosas más.
Con el paso de los días fui abriendo los brazos y el corazón a todo lo bueno que me merecía, la salud, las oportunidades, experiencias… Me dí cuenta que soy más fuerte de lo que pensaba, descubrí el inmenso amor que tenía por mí, abrí los ojos, me planté frente al espejo y observé el maravilloso ser que Soy.
Durante mi proceso comencé a estudiar sobre el impacto psicológico en la vida de quienes hemos padecido de sobrepeso u obesidad, el cómo afecta nuestras emociones esa lucha por recuperar la salud integral, pero sobre todo el impacto en quienes nos sometemos a una cirugía bariátrica.
Leía libros, tomé cursos, diplomados, seminarios y talleres; y es así como comienza mi camino para ayudar a que tú y todos logren reconstruirse y formar la vida que siempre anhelaron tener como yo lo he hecho.
Hoy te invito a que escribas tu propia historia, para mi será un honor y un privilegio ser tu acompañante.
